Era menudita, pero nadie se imaginaba la tremenda fuerza que salía de su interior.
Los vecinos decían que si era conflictiva, que si no pagaba la comunidad, que si fumaba lo que no debía, que si bebía.
Fuimos vecinas muchos años, pero nos limitábamos a saludarnos si coincidíamos en el ascensor.
Después de dar a luz a su segundo hijo, mucho tiempo después advertí que el niño aún estaba en sillita de paseo,entonces fue cuando me di cuenta y sentí un terrible pesar, ¿cómo era posible que nunca me hubiese fijado? sentí pena por ella, y vergüenza de mi.
Pasados unos años, ella solicitó una rampa a la comunidad, un vecino me comentó: Esa mujer no hace más que dar la lata, y vamos a tener que gastarnos un dineral, ésa es capaz de denunciarnos. Viva la solidaridad, pensé. Al final se hizo la rampa, aunque eso fue motivo de discusiones y malas avenencias entre todo el vecindario. Nadie piensa que va a llegar a viejo, o simplemente se puede romper un pie.
El ayuntamiento nos había colocado los contenedores de basura justo delante de nuestra puerta, la ambulancia no podía aparcar delante, ella removió Roma con Santiago y consiguió que los quitaran de ahí, los vecinos se quejaron porque ahora había que caminar una manzana, todo por culpa de esa mujer. Nadie piensa que un día cualquiera uno puede ser el usuario de esa ambulancia.
Cierto día coincidimos en la entrada y me saludó muy afectuosa, yo ya me había fijado que estaba muy delgada y desmejorada pero no hice alusión, fue entonces cuando me dijo: me operaron de un cáncer de mama y estoy en tratamiento, ante mi desconcierto me comentó: no te preocupes, estas cosas hay que hablarlas abiertamente es como mejor se terminan aceptando.
Pasado un tiempo, me dijo que tenían que operarla del otro pecho, fui a verla al par de días de operada, me la encontré tratando de hacer punto, es que no puedo estar quieta me dijo.
Su vida fue una lucha constante, cada vez que había que reclamar algo para los minusválidos, ella era la primera en la fila. Como todos, tenía sus cosas, pero me he preguntado muchas veces que haríamos los demás si la vida nos hubiese tratado de la misma forma que a ella. Es tan fácil criticar desde fuera.
Me han dicho que murió hace un par de días, y que la hija no quiso que nadie del edificio fuera al velatorio. Normal, ¿para qué la hipocresía después de la muerte, si en vida la trataron como a una apestosa?
Mi recuerdo para ti, mujer luchadora.

