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viernes, 20 de julio de 2007

Recuerdos: 22 de julio de 1970

Apenas había dormido, había tenido visita hasta tarde en la noche anterior, sentí la voz de mi padre que me llamaba:"Lolita ya es la hora" abri los ojos y vi a mi padre ya vestido sólo le faltaba ponerse la americana. Me levanté de la cama y aún medio dormida escucho a mi madre diciéndome que ya estaba listo el calentador y que podía bañarme, suerte que hay gas pensé, la idea de meterme bajo un chorro de agua fría a las 5 de la mañana no me hacía mucha ilusión. Después de la ducha, me arreglé, poníendome la falda y blusa que Conchita la costurera me había hecho y que yo había sacado de una revista española y los zapatos que tenía guardados para tan especial acontecimiento, voy al comedor y abro la nevera, veo dentro los turrones que habían dado, tuve intención de tomar un poco pero veo a mi madre vigilándome de reojo, y diciéndome con voz entre burlona y tierna: a ti no te tocan que ya te borraron de la libreta. Me siento en mi silla de siempre y bebo un poco de leche, ya mi cuñada se había levantado y estaba acompañándonos a mi madre y a mi, mi padre de un lado para otro preocupado porque mi hermano mayor no llegaba, es temprano aún, dice mi madre; así van pasando los últimos momentos en la casa en que había crecido, mientras hablábamos de cosas que ya ni recuerdo, llega el primo de mi padre que era el encargado de llevarnos al aeropuerto, comienzan las despedidas, mi padre le recuerda a mi madre que deben de estar temprano si quieren vernos antes de entrar en la pecera. Siento un nudo a la altura del estómago mientras bajo la escalera, no quiero mirar atrás, de repente había recordado la historia de la mujer de Lot que se convirtió en estatua de sal por mirar hacia atrás.
Cuando salimos al zaguán, estaba la vecina esperándonos, me abraza, que tengas suerte me dice. Le devuelvo el abrazo, pero lo hago automáticamente sin ningún tipo de sensación, era como si ya yo no estuviera allí. Dentro del coche apenas hablo, mi padre me dice algo y vuelve a su conversación con su primo, no quiero pensar, quiero dejar mi mente en blanco pero no puedo.Al llegar al aeropuerto, adónde ya habíamos ido el día anterior a dejar el equipaje y pasar el registro, me encuentro con una amiga, ya estaba ahí antes de llegar nosotros, al poco rato llegan mi madre y mis hermanos, momentos de emociòn, todos nos abrazamos mientras escuchamos que ya debemos de pasar a la sala de pasajeros, tras un cuídate mucho de mi madre, doy la vuelta camino a la puerta que ya me separará indefinidamente de parte de mi familia.
En la sala de espera, el tiempo parece que se ha detenido, nadie habla, cada cual está sumido en sus propios pensamientos. De repente, no se que tiempo llevamos ahí, sale una señora vestida con uniforme de Iberia, nos dice: dentro de un momento saldrán al pasillo, para salir hacia la pista, no pueden hablar durante el recorrido y cuando lleguen no pueden mirar atrás ni decir adios, el que lo haga no subirá al avión. Otra vez el recuerdo de la mujer de Lot. ¡No podíamos despedirnos de nuestros seres queridos, nos íbamos como si fuéramos escoria y no nos dejaban saludar!. Salimos , yo iba al lado de mi padre, en cada puerta que daba al pasillo había una persona de la seguridad que vigilaba. Cuando llegamos a la pista, nadie se atrevió a volverse, sentíamos la algarabía que venía desde la terraza, cuando al fin subimos la escalerilla y la azafata nos dijo Bienvenidos a Iberia, fue cuando me di la vuelta y saludé con la mano, todos hacíamos lo mismo, las azafatas nos invitaban a entrar ¡cuántas veces habrán visto la misma escena! cuando nos sentamos mi padre me consolaba pero yo no paraba de llorar, al dame cuenta del despegue intenté ver por la ventanilla pero ya sólo se veía un paisaje borroso. Fue lo último que vi de la tierra que me vio nacer, han pasado 37 años.

9 comentarios:

  1. Hey... no tengo palabras ahora, tampoco las tuve cuando me tocó a mí y la verdad es que en las despedidas más grandes de mi vida, nunca he tenido el valor de mirar atrás...

    Con afecto, tony

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  2. lo de las palabras lo digo por la emoción, por cuanto hay de esa historia en cada uno de nosotros.

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  3. Que bonito relato Lola, me has emocionado, además tb tienes la suerte de vivir en un hermoso lugar.

    saludos

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  4. Tony, contar esto me ha servido de catarsis. Llevaba todo este tiempo con todo esos sentimientos dentro de mi, y siento que me he liberado de algo que me oprimía. Creo que ha sido un buen ejercicio mental. Un saludo afectuoso.
    Merche, gracias por tus palabras, sí, tengo la suerte de vivir en un lugar privilegiado, además siempre he sido medio canaria puesto que la familia de mi padre procede de aquí.Saludos.

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  5. bueno reina ahora solo te queda mirar hacia delante y ver todo lo bueno que el futuro te depara
    besitos cielo, que pases un buen lunes, muack

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  6. Hola Lola
    qué curioso, recuerdos contemporáneos los nuestros, y de alguna manera hitos.
    Qué fuerte y triste lo que cuentas, y no puedo creer que no les dejaran voltear!!! creo que me pierdo algo importante de la historia, porque suena a tiempos de gueraa expatriados qué horror.
    Espero que luego de 37 años ya estés amañanda en esa bella isla.

    Tu tortuga se parece a mí, lo de Gata es otro cuento, soy vaga y lenta como Vaga

    me gusta tu blog y lo que haces, volveré

    saludos

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  7. Sí, Sonrisa de Luna, hace tiempo que miro hacia delante, pero esto era algo que tenía que sacar afuera. Gracias por tus deseos.
    Gata, es fuerte, pero es cierto, la maldad del hombre puede llegar a ser muy refinada, ése era el caso. Lo pasé mal, pero afortunadamente todos pudimos reunirnos de nuevo, aunque bastantes años después. Sí, tan amañada estoy que me casé con un canario y mi hija nació aquí, he echado raíces en esta tierra, soy feliz. Jajaja, creo que ambas nos parecemos a mi tortuga. Espero que me visiten de nuevo. Yo haré lo mismo. Saludos.

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  8. Un relato más que emotivo siempre tan bien combinado por los recuerdos que evocas y las palabras que usas para describirlo. Saludos!

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  9. No voltearse es como un mecanismo de defensa. Pero son muchos años, 37, como para darle la espalda a tanta cosa ahí metida.
    Tu catarsis compartida es un regalo.
    Gracias, Lola.

    Un beso.

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