¡Oh, cuan lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormias!
¡Con que grato embeleso recojías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera
con maternal orgullo repetias!
Hoy que de la vejez en el quebranto,
mi barba se desata en blanco armiño,
y contemplo la vida sin encanto,
al recordar tu celestial cariño,
de mis cansados ojos brota el llanto,
porque, pensando en tí, me siento niño
Un golpe dí con temblorosa mano
sobre su tumba venerada y triste;
y nadie respondió ... Llamé en vano
porque ¡la madre de mi amor no existe!
Volví a llamar, y del imperio frío
se alzo una voz que dijo: ¡Si existe!
Las madres, nunca mueren ... Hijo mío
desde la tumba te vigilo triste ...
¡Las madres, nunca mueren!
Si dejan la envoltura terrenal,
suben a Díos, en espiral de nubes...
¡La madre, es inmortal!
Vicente Riva Palacio (poeta mexicano 1832-1896)
Este poema se lo dedico a la deportista Taysmari Agüero, quien teniendo a su madre gravemente enferma en Cuba, las autoridades de ese país, país donde yo nací, le negaron el permiso de entrada para despedirse de ella. El permiso llegó cuando la madre ya había muerto. El delito de Taymaris es no comulgar con el régimen cubano. Esto que le ha sucedido a ella, le ha pasado a muchos compatriotas, incluyendo a la gran Celia Cruz que pasó por el mismo calvario y seguirá sucediendo mientras los más elementales derechos humanos no se respeten en la isla.
Sr. Moratinos, ahí tiene Ud. una papa caliente.








