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lunes, 11 de agosto de 2008

Poema

A Mi Madre

¡Oh, cuan lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormias!

¡Con que grato embeleso recojías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera
con maternal orgullo repetias!

Hoy que de la vejez en el quebranto,
mi barba se desata en blanco armiño,
y contemplo la vida sin encanto,

al recordar tu celestial cariño,
de mis cansados ojos brota el llanto,
porque, pensando en tí, me siento niño

Un golpe dí con temblorosa mano
sobre su tumba venerada y triste;
y nadie respondió ... Llamé en vano
porque ¡la madre de mi amor no existe!

Volví a llamar, y del imperio frío
se alzo una voz que dijo: ¡Si existe!
Las madres, nunca mueren ... Hijo mío
desde la tumba te vigilo triste ...

¡Las madres, nunca mueren!
Si dejan la envoltura terrenal,
suben a Díos, en espiral de nubes...
¡La madre, es inmortal!

Vicente Riva Palacio (poeta mexicano 1832-1896)


Este poema se lo dedico a la deportista Taysmari Agüero, quien teniendo a su madre gravemente enferma en Cuba, las autoridades de ese país, país donde yo nací, le negaron el permiso de entrada para despedirse de ella. El permiso llegó cuando la madre ya había muerto. El delito de Taymaris es no comulgar con el régimen cubano. Esto que le ha sucedido a ella, le ha pasado a muchos compatriotas, incluyendo a la gran Celia Cruz que pasó por el mismo calvario y seguirá sucediendo mientras los más elementales derechos humanos no se respeten en la isla.
Sr. Moratinos, ahí tiene Ud. una papa caliente.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Ofrenda lírica

10
Aunque tienes tu escabel, prefieres que tus pies reposen, junto a los más pobres, más bajos y perdidos.
Cuando trato de inclinarme ante ti, mi reverencia no llega nunca a alcanzar la profundidad donde tus pies reposan junto a los más pobres, más bajos y perdidos.
Nunca puede el orgullo aproximarse a ti, que andas con la ropa del harapiento entre los más pobres, más bajos y perdidos.
Mi corazón no puede nunca encontrar su senda por donde tú caminas sin más compañía que la de los más pobres, más bajos y perdidos.

35
Donde el amor nada teme y se lleva alta la cabeza;
Donde el saber es libre;
Donde los mezquinos muros de las casas no han roto el mundo en fragmentos;
Donde las palabras surgen de lo profundo de la verdad;
Donde el esfuerzo incansable alza sus brazos hacia la perfección;
Donde el claro fluir de la razón no ha perdido su cauce en el triste arenal del desierto de la costumbre muerta;
Donde la mente, informada por ti, se encamina a un pensamiento y una acciòn ascendentes...
Permite; Padre mío, que mi país despierte en ese cielo de libertad.

39
Cuando mi corazón esté duro y reseco, desciende a mi con un chubasco de compasión.
Cuando se me haya perdido la gracia de mi vida, ven con el estallido de una canción.
Cuando el trabajo tumultuoso eleve su estrépito por todas partes, cerrándome el más allá, ven a mi, señor del silencio, con tu paz y tu sosiego.
Cuando mi corazón mendigo se acurruque escondiéndose en un rincón, fuerza la puerta, rey mío, y ven con toda la ceremonia y la pompa que te corresponde.
Cuando el deseo ciegue mi alma con engaños y polvo, ven con tu luz y resplandor, vigilante sagrado.


Rabindranath Tagore. 1861-1941

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Charlton Heston


Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.
La espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines,
Ya pasa debajo los arcos ornados de blandas Minervas y Martes,
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
la gloria solemne de los estandartes,
llevados por manos robustas de heroicos atletas.

Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra
los cascos que hieren la tierra,
y los timbaleros
que el paso acompasan con ritmos marciales.
Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!
Los claros clarines de pronto levantan sus sones,
su canto sonoro,
su cálido coro,
que envuelve en su trueno de oro
la angustia soberbia de los pabellones

El dice la lucha, la herida venganza,
las ásperas crines, los rudos penachos,
la pica, la lanza,
la sangre que riega de heroicos carmines la tierra;
los negros mastines
que azuza la muerte, que rige la guerra.
Los áureos sonidos anuncian
el advenimiento triunfal
de la Gloria;dejando el picacho que guarda sus nidos,
tendiendo sus alas enormes al viento,los cóndores llegan.
Llegó la victoria!
Ya pasa el cortejo.
Señala el abuelo los héroes al niño-
ved cómo la barba del viejolos bucles de oro circundan de armiño-.
Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
y bajo los pórticos, vense sus rostros de rosa;
y la más hermosa
sonríe al más fiero de los vencedores.
Honor al que trae cautiva la extraña bandera!
Honor al herido y honor a los fieles
soldados que muerte encontraron por mano extranjeras
Clarines! Laureles!

Las nobles espadas de tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros-
las viejas espadas de los granaderos más fuertes que osos,
hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-.
Las trompas guerreras resuenan;
de voces los aires se llenan...
-A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,que encaman las glorias pasadas;
...al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas,
y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros;
al que ama la insignia del suelo materno;

al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarcha
y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,
saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marchatriunfal...

viernes, 2 de noviembre de 2007

Alberto González Rubio (dedicado a Ileana)

Alberto González Rubio, fue un actor muy popular en la década de los 50, recuerdo vagamente la novela Palmolive con él de protagonista, entre ellas "El Angel Perverso" con Minín Bujones, o "Esmeralda" también con Minín, y que por cierto con estas dos novelas Delia Fiallo ha sacado ya no se cuantas versiones, vamos que como decimos por aquí: "Se repite más que el ajo"

Ileana tenía un disco de poemas de Jose Angel Buesa, recitados por González Rubio, cuando estábamos en la edad del pavo, no hacíamos más que ponerlo, ¡no se cómo no llegamos a rayarlo!



POEMA DEL RENUNCIAMIENTO

Pasaras por mi vida sin saber que pasaste.
Pasaras en silencio por mi amor, y al pasar,
fingire una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamas lo sabrás.

Soñare con el nacar virginal de tu frente;
soñare con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñare con tus labios desesperadamente;
soñare con tus besos ... y jamás lo sabrás.

Quizas pases con otro que te diga al oido
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amare más que nunca ... y jamás lo sabrás.

Yo te amare en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-- el tormento infinito que te debo ocultar --
te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima ... ¡y jamás lo sabrás!


Amiga Ileana, donde quiera que estés, y si existe el cielo debe de ser ahí, mi recuerdo para tí.

jueves, 18 de octubre de 2007

Poesía

A una flaquísima tuerta

Aquí yace Estefanía,
flaca y aguda mujer,
que bien pudo aguja ser,
pues sólo un ojo tenía.

Momia, esqueleto de alambre,
en torno a sus hueso vanos
yacen también los gusanos,
porque se murieron de hambre.

Madureces

"Ansioso un higo comía
-cuenta a Gil el viejo Arbelo-
y, ¡tris!, saltó un diente al suelo
de sólo tres que tenía."

"Es bien raro el accidente
estando maduro el higo."
Y aquel contestóle: "Amigo,
más maduro estaba el diente."

¿Por qué su odio?

Sé que es un ingrato Bruno;
pero ese odio que me tiene
no sé de donde le viene,
pues no le hice bien alguno

Francisco Acuña de Figueroa, 1791-1862 (Uruguay)
Autor de las letras de los himnos nacionales del Uruguay y del Paraguay.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Poesía

Mis Amores
Soneto Pompadour
Amo el bronce, el cristal, las porcelanas,
Las vidrieras de múltiples colores,
Los tapices pintados de oro y flores
Y las brillantes lunas venecianas
Amo también las bellas castellanas,
La canción de los viejos trovadores,
Los árabes corceles voladores,
Las flébiles baladas alemanas
El rico piano de marfil sonoro,
El sonido del cuerno en la espesura,
Del pebetero la fragante esencia,
Y el lecho de marfil, sándalo y oro
En que deja la virgen hermosura
La ensangrentada flor de su inocencia
Julián del Casal, poeta cubano. (1863-1893)